lunes, 3 de agosto de 2015

Héroe - Cotidianidad 12

Recuerdo perfectamente el origen primario de mi vocación profesional: "Dark Justice", serie televisiva donde el protagonista era juez de día y justiciero de noche, persiguiendo a aquellos que burlaban la ley dando rodeos.
Hoy soy un jurista destacado, y como mi héroe infantil, al regresar a casa me enfundo mi otro uniforme y salgo a la calle, dispuesto a equilibrar la balanza.
— ¿Puedo repetir? —consulta el niño asomándose al mostrador—. ¿Por favor?
Veo los ojos esperanzados de su madre, aguardando silenciosamente tras él, mientras sujeta la bandeja con un plato completamente limpio, atestiguando que no han malgastado ni una miga del sándwich anterior.
— Desde luego que sí —le respondo al pequeño con mi mejor sonrisa.

Y con la autoridad que me confiere mi delantal verde de voluntario del comedor social, procedo a untar generosamente otras dos rebanadas de pan de molde en deliciosa crema de cacao.

martes, 21 de julio de 2015

Explorador - Cotidianidad 11

Escucho la voz de control de misión por el audio interno:

— Atención comandante Rogers, entramos en 3, 2, 1...

Algo de estática, uno de mis monitores muestra la imagen de un popular reportero de televisión hablando y dos segundos después empiezo a escuchar su voz:

— ...retransmitiendo en directo desde el centro de control de misión de la "Future", la primera nave de exploración espacial, que está a escasos minutos de abandonar la atmósfera de nuestro planeta por primera vez. A los mandos de esta joya de nuestra tecnología el comandante Rogers, experto piloto de la fuerza aérea. Comandante, ¿en qué momento exacto de la misión se encuentra?
— Un saludo para ti y para todos los espectadores, Jack. Ahora mismo estoy terminando de realizar la aproximación a la barrera.
— Comandante, nuestra audiencia se estará preguntando, ¿cómo va a poder su nave superar la barrera?
— La "Future" incorpora un láser de última tecnología —explico—. Creemos que nos permitirá abrir una brecha en la barrera. Luego sencillamente nos deslizaremos a través de ella hasta al espacio exterior.

La imagen de mi monitor cambia para enfocar al Dr. August:

— Tenemos con nosotros al director de la misión, el doctor August, eminente científico de la recién creada academia espacial. Doctor, ¿cuáles son los objetivos que se pretenden alcanzar con la misión de la "Future"?
— Hoy básicamente esperamos sentar las bases para futuras misiones de exploración más allá de nuestro planeta.

Veo al Dr. August sacando un papel del bolsillo interior de su chaqueta, desdoblándolo, y luego añade:

— Y si me lo permite Jack...
— Desde luego doctor.

La imagen pasa ahora a un primer plano del Dr. August, que brillando orgullosamente en un verde intenso, carraspea un poco para aclararse la voz e inicia la lectura de su nota.

— La fundación exacta de nuestra colonia se pierde en los anales de la historia, remontándose hasta las leyendas y mitos antiguos que nos hablan de un mundo originario, un paraíso en el que nuestra especie nació y donde prosperó hasta dar lugar a una gran civilización.

Hace una pausa dramática antes de seguir.

— Civilización que finalmente decayó, y en su estertor final, cuando el planeta natal ya estaba casi consumido, algunos de aquellos antiguos genios, emprendieron un titánico esfuerzo para lograr salvar a unos pocos —nuestros antepasados—, enviándolos hasta este nuevo pero inhóspito mundo en el que nuestra raza quedó atrapada.

Una nueva pausa, ahora para tomar algo de aire.

— Pero hemos sobrevivido, adaptándonos al intenso frío durante incontables generaciones. Hemos aprendido a cultivar los infinitos páramos blancos con la escasa y poco frecuente luz que llega hasta nosotros de la inestable estrella de este sistema. Hemos recuperado nuestra ciencia y nuestra tecnología perdida: La matemática, la física, la astronomía, la navegación, la aeronáutica, y la astronáutica... hasta llevarla de nuevo a un nivel que hoy nos permite volver a explorar el espacio exterior y los confines del universo.

Dobla de nuevo el papel para guardárselo, y cuando la imagen abre de nuevo el plano se escucha la voz de un técnico:

— Aproximación finalizada. Comandante, proceda a iniciar la secuencia de disparo del láser.

En la "Future", por el rabillo del ojo, veo en mi monitor mi propia imagen.

— Recibido control —y pulsando el correspondiente botón añado—: Iniciando secuencia de disparo del láser.

Varios indicadores naranjas empiezan a parpadear mientras el sistema se prepara para acumular la energía necesaria.

Sigo narrando los pasos del proceso:

— Cargando, veinte por ciento —hago una pausa—. Cincuenta por ciento.

Dos segundos después:

— Ochenta por ciento... Cien por cien cargado. Procedo con disparo en 3, 2, 1... —me inclino levemente y pulso el inequívoco botón rojo en el panel añadiendo—. ¡Fuego!

Se escucha un potente zumbido y un haz carmesí brota de la nave rasgando la oscuridad exterior.

— ¡Láser perforando! —grito para que se me pueda escuchar.

Cinco segundos después se apagan el zumbido y el haz láser.

— Fin del disparo —informo.

Leo en voz alta las lecturas de los paneles de instrumentación. Sabiéndome ahora centro de atención de todo mi mundo intento darle el adecuado tono de gravedad que merece el momento.

— Control. Los sensores indican que la perforación ha sido un éxito. Procedo con la maniobra final.

Muevo con precisión el mando de navegación y los impulsores se encienden. Noto una suave aceleración.

— Conectando luces y cámara exterior. Control, ¿recibís imagen?
— "Future", la imagen se recibe correctamente —responde control.

En control guardan un expectante silencio mientras la nave se aproxima a la brecha en la barrera, se interna en ella y la supera internándose en la fría oscuridad espacial. Acelero para ganar algo de distancia y maniobro para que las luces exteriores iluminen la superficie exterior de la barrera.

De repente la estrella fluctúa y se enciende, inundándolo todo con su blanca luz, y la cámara, enfocando la barrera, capta por primera vez una imagen de nuestro mundo desde el espacio exterior.

[En la húmeda comodidad de sus hogares, millones de desconcertados telespectadores ven en sus pantallas los mismos incomprensibles símbolos inscritos en la superficie de la barrera:
"Yogur natural" ]


miércoles, 24 de junio de 2015

El apocalipsis albóndiga (The meatball apocalypse) - 2

Redecorando. Día 4 a.C. (Antes de la Croqueta)

PRIMERA PARTE

El pelotón principal cruzó finalmente la meta volante de IKEA FAMILY con solo tres tuppers y un albornoz de penalización sobre el grupo de cabeza. Satisfecho con mi clasificación momentánea aparqué mi carriciclo amarillo y azul para incorporarme a la serpenteante cola del control de avituallamiento. Los rezagados seguirían llegando el resto de la tarde. Algunos abandonarían allí la carrera, completamente exhaustos tras superar el puerto de montaña de los armarios y almacenaje, o bien por serias discrepancias de estrategia con su compañero de tándem. El resto de valientes, repondría fuerzas para afrontar el largo tramo final de etapa en la zona de complementos, donde en cada recodo puedes pinchar en un bache.

Equipé mi bandeja con los pertrechos necesarios y mientras estaba decidiendo mentalmente entre la oferta de albóndigas suecas o el lomo de salmón sonó en mi teléfono móvil la sintonía asociada a mi principal patrocinador, por lo que me aparté a la cuneta, para que el resto de corredores pudieran adelantarme sin problemas, y descolgué el aparato:

─ ¿Si?
─ Niño, ¿cómo ha ido?
─ Todavía sigo en IKEA.
─ ¿Ya has comido?
─ No, ahora mismo estoy en la cola del restaurante.
─ ¿Y qué vas a comer?
─ La oferta del viernes. Albóndigas en salsa.
─ ¿Comida bazofia de esa? A saber de qué carne están hechas esas albóndigas.
─ No es bazofia mamá ─dije bajando el tono, algo avergonzado.
─ Qué sabrás tú.
─ Soy biólogo mamá, algo de eso entiendo.
─ Biólogo, biólogo ─respondió ella haciendo burla─. ¡Y yo soy la madre que te parió!

Y suavizando el tono añadió:

─ Anda, pásate luego por casa a por croquetas que hice anoche y no comas allí hijo.
─ Vale.
─ Yo no estaré que el turno del hospital termina hoy a las 8. Y tu padre... a saber donde andará.
─ Vaaale.
─ Te he dejado las croquetas en la nevera. Cógete todas si quieres hijo. Que tú padre desde que se jubiló se está engordando como una zambomba y no le convienen.
─ Vaaaaale.
─ Te quiero... cuídate y come bien... ¡Ay mi niño, que se me ha ido de casa!
─ Mamá por favor, no seas teatrera. Solo llevo una semana en el piso. Es imposible que ya sufras el síndrome de nido vacío.
─ Cuando seas padre ya verás, ya... aunque a este paso se acaba el mundo sin que nos hagas abuelos.
─ Por favooor... no volvamos a ese tema. Hablamos luego, ¿vale?
─ Te quiero Jacques.
─ Y yo a ti mamá.

La expectativa de las deliciosas croquetas de pollo de mi madre me convenció fácilmente y dejé la cola del restaurante para descender a la planta de complementos. Recogí la bolsa amarilla y me hice con un carro. Durante el eslalon por las secciones no pude evitar sucumbir a muchas tentaciones: Cargue vasos, platos, cubiertos, velas y algunas cosas más para decorar. Llegando al almacén cambié de nuevo de carro, y papel en mano con los códigos de lo que necesitaba afronté la parte final de la yincana sueca.

Después de estrenar mi flamante IKEA VISA de pago aplazado tomé uno de los ascensores para bajar el carrito cargado al aparcamiento. A esta hora se estaba muy tranquilo, con casi todos los clientes en la bacanal sueca low cost con relleno de refresco gratis.

Podría mentir diciendo que, mientras me afanaba en embutir cuidadosamente las cajas en el maletero del Land Rover Discovery nuevecito que me había prestado mi padre, mi mente estaba filosofando sobre independencia y financiación como binomio paradigma de una tesina sobre conceptos indisolubles de la vida moderna. Pero la verdad es que soy mucho más mundano. Mi siempre calenturienta imaginación soñaba despierta, visualizando como sería una fiesta privada en mi recién amueblado apartamento, solos yo y una voluptuosa mujer dispuestos a dar fe de la prometida robustez de la carpintería sueca.

Vino a interrumpir mi trascendental análisis lo que me pareció era un grito, resonando por el aparcamiento.

─ ¡¿Klipaan?!

Levanté la mirada buscando el origen del sonido. Un empleado de IKEA, con su característico polo amarillo, venía caminando lentamente hacia mí. Todavía estaba a siete u ocho coches de distancia así que respondí elevando también la voz.

─ ¡¿Perdón?!
─ ¡¡¿Klipaaaan?!! ─preguntó segundos después.
─ No...¡Maaaalm! ¡Un escritorio! ¡Para el ordenador! ¡Ya sabe! ─respondí siguiendo a lo mío.
─ ¡¡¿¿Klipaaaaaaan??!! ─volvió a piar la Gallina Caponata.

Ya me estaba dando la brasa el tío coñazo. Seguía avanzando a paso de tortuga pero ahora estiró los brazos. Imaginé que se ofrecía a ayudar en la carga de los muebles. Coloqué la última pieza del Tetris y cerré el portón trasero.

─ ¡Oiga!, no me interesa ese sofá ─zanjé.

Y empujando en su dirección el carro ya vacío imité el soniquete de una máquina expendedora de tabaco:

─ Su carrito, gracias.

Subí rápidamente al coche, arranque y salí haciendo patinar las ruedas en el resbaladizo cemento. Por el retrovisor vi como el cabeza de chorlito de amarillo chillón seguía insistiendo con el dichoso sofá a grito pelado.

Enfilé hacia Gran Vía de les Corts Catalanes. En un rato descargaba todo en mi flamante guarida de soltero, devolvía el mastodonte al garaje de mi padre, saqueaba su nevera, y estaba de regreso para empezar a desembalar y montar todo.

El apocalipsis albóndiga (The meatball apocalypse) - 1


Día de la Croqueta. Día 0

Existen acontecimientos en la historia cuya trascendencia marca el fin de una época y el principio de otra. Las diferencias entre esas épocas, si una fue mejor que otra, o el momento en que se produjo el cambio, son detalles que el tiempo y los especialistas se encargarán de juzgar.

Para mí, ese momento del cambio va a suceder hoy exactamente, martes 12 de julio de 2016, alrededor de las 10 de la noche. Mañana nada volverá a ser igual.

Así, con la solemnidad que merece la ocasión, he dispuesto sobre la mesa un práctico mantel individual color hueso, y encima, flanqueado por una simpática servilleta a la izquierda y un elegante tenedor a la derecha, un gran plato cerámico blanco de alegres motivos florales, en cuyo centro, iluminada por el titileo de dos preciosas velas, luce solitaria la última croqueta de pollo que preparó mi madre.

Escasamente dos bocados. El primero explota en mi boca y dejo que los sabores me inunden lentamente, transportándome hasta recuerdos felices de la infancia: Ese verano en que aprendí a nadar, en las playas de Torredembarra, siempre una hora después de comer las deliciosas croquetas; La sonrisa orgullosa de mi madre cada vez que sacaba un excelente, fiel sinónimo de "para cenar, croquetas"; El primer beso adolescente, ¿croquetas?, insondables misterios del subconsciente. El segundo bocado discurre por derroteros mucho más nostálgicos, empañando mis ojos: Las últimas charlas con la abuela, antes de que el cáncer la consumiera por completo, tratando de explicarme el viejo secreto familiar de la masa de croquetas; Los amigos y seres queridos que quizás no vuelva a ver, siempre alrededor de una mesa bien surtida, comiendo y bebiendo despreocupadamente.

Mi experiencia casi mística finaliza abruptamente cuando mi rugiente estómago protesta reclamando más enjundia. A buen seguro mi padre, siempre muy pragmático, aprovecharía para citar el refranero: "Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo". De no ser por mi despensa completamente vacía, y la poco halagüeña previsión sobre su posible restitución, incluso lo daría por bueno.

Pero mejor os explico cómo empezó todo.

viernes, 12 de junio de 2015

Terapia Real - Cotidianidad 10

Ella enumeraba toda una larga y vergonzosa lista de defectos físicos mientras el marido permanecía completamente callado y solo el brillo de la humedad en sus preciosos ojos verdes daba fe de su pesadumbre.
Frente a la infeliz pareja, la especialista tomaba notas diligentemente al tiempo que asentía como muestra de circunspección, esperando a que terminara tan desagradable soflama.
– ¿Y bien? ¿Puede hacer algo para ayudarle? –preguntó finalmente la esposa.
– Desgraciadamente no puedo hacer nada, querida –respondió la especialista totalmente afligida.
– ¡Esto es totalmente inadmisible! –chilló reprendiéndola con la severidad que solo otorga el hábito–. No dude que pronto tendrá noticias de mi padre –Apostilló amenazante.
Se levantó como un resorte y empezó a dirigirse hacia la salida.
– Lo lamento profundamente –dijo la especialista levantándose a su vez–. Pero la efectividad del conjuro radicaba en la pasión del beso –Y volviéndose hacia el infortunado engendro que seguía encogido en su butaca–. Es evidente que en este caso fue muy baja.
– ¡Croá! –gruñó el príncipe por toda confirmación de los hechos.

Y saltando, se dispuso a seguir los pasos de su princesa y dejar para siempre la consulta del Hada Madrina.